La Pregunta Semanal

¿Qué fue lo más grave que bancaste por amor? ¿Qué fue lo peor que te hicieron y no cortaste la relación? ¿A quién llegaste a lastimar? Contanos, es anónimo.

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Ana & Moisés Parte II

Su padre la había acorralado: O se casaba con José o, por su culpa, los negocios familiares se irían a la quiebra y, acto seguido, todos migrarían al extranjero, con lo cual a Moisés volvería a verlo solo en foto. Sin embargo, esta amenaza era más un juego psicológico que otra cosa. Tanto Ana como su padre sabían, en el fondo, que la joven no tenía ninguna decisión que tomar. Ni que se hubiera revelado con todas sus fuerzas hubiese logrado su cometido. Quisiera o no, el matrimonio con José ya era un hecho, solo faltaba organizarlo.

Los intentos de Moisés tampoco surtieron efecto. Y no porque se haya quedado corto de argumento, sino porque, básicamente, era pelear contra la pared. Sus quejas tenían tanta repercusión como las que pueden tener hoy día las de un niño que no quiere hacer la tarea. A ninguna de las dos familias les importaba en lo más mínimo lo sentimientos de sus hijos, por el simple hecho de que, en la mayoría de los casos, las historias -con más o menos matices- se iban repitiendo de generación en generación. Es decir, los padres de Ana y los de Moisés, tampoco habían tenido ni voz ni voto a la hora de contraer matrimonio. Esto no quiere decir que no hayan existido las verdaderas historias de amor, pero en muchos casos era algo que se construía con el tiempo.

Así las cosas, un mes y medio después de aquel brindis siniestro, Ana se estaba calzando el vestido blanco para convertirse, contra su voluntad, en la esposa de José. Para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe. Y así fue. O casi.

Al dar el sí, Ana también se convertía en la cuñada de Moisés, su amor. Paradójicamente, el día de su casamiento no sería recordado como la fecha más feliz de su vida, sino como la más triste. Y esa tristeza inexplicable que nos invade al cortar un vínculo, en el caso de Ana, la acompañaría, sino toda la vida, por muchos años más.

La relación entre José y Moisés no quedó tan resentida. Al igual que sus padres, José tampoco se había tomado muy en serio el pataleo de su hermano menor.

Al poco tiempo de casarse, Ana y José tuvieron su primer hijo. Y enseguida vino el segundo, el tercero y el cuarto. Todos con muy poca diferencia de edad.

José, debido a los negocios familiares, debía viajar constantemente a Europa. En esa época los viajes se hacían en barco, por lo que las ausencias eran de tres o cuatro meses. Mientras, Ana estaba dedicada de lleno a criar a sus hijos. Por su parte, Moisés, a pesar de haber tenido varias oportunidades, había decidido quedarse soltero.

Y así, todo fluía de manera normal. Infelizmente normal, pero fluía.

Luego del nacimiento de su quinto hijo y habiendo pasado ya muchos años de aquel corte que -salvo Ana y Moisés- nadie recordaba, José le pidió a su hermano menor si podía cuidar de su mujer y de sus hijos durante sus ausencias. Y así lo hizo. El tío Moisés se instalaba durante largas temporadas en la casa de su cuñada y velaba por la seguridad de la familia de su hermano. Sus sobrinos lo adoraban y Ana, en silencio, también. Estar tan cerca y tan lejos, era enloquecedor.

Aunque habrá más de un lector desconfiado, ambos decidieron respetar a José cueste lo que cueste. La convivencia era tan tortuosa como placentera. El corte de una relación que en realidad nunca existió, había quedado muy lejos, pero la herida persistía en ambos, igual que el primer día.

Con el correr de los años, las mudanzas a casa de su hermano eran parte de una rutina en su vida. Sin embargo, Moisés no se acostumbraba a las despedidas. Cada vez que José regresaba, era como un pequeño corte sobre la herida abierta. Sin embargo, lejos de distanciarlo de Ana, esto cada vez lo acercaba más y, la promesa de no traicionar a José cada vez costaba más.

Ana y José siguieron teniendo hijos. Dos más. En ambos casos, José había vuelto de Europa y se había encontrado con su mujer embarazada. Como en esa época no existían los test de embarazos, saber con exactitud el tiempo de gestación era imposible.
Lo que hoy es un secreto a voces dentro de la familia de Ana, en ese entonces era silencio absoluto. Nadie nunca se animó si quiera a insinuar que estos últimos dos hijos podrían no ser de José. Ni siquiera ellos mismos, que llamaron tío a Moisés hasta el día de su muerte.

Luego del nacimiento del séptimo hijo de Ana, Moisés, repentinamente, decidió irse a vivir al extranjero y alejarse definitivamente de su hermano, de su cuñada y de sus sobrinos. Nuevamente, la separación. Un nuevo corte por afrontar. Ahora sí, creían, se alejarían para siempre. Ese día, Ana lloró como en su casamiento. Sabía que era definitivo. Igual que la otra vez.

El resto, continuó sin sobresaltos. Ana conservaba esta herida como un tesoro que no quería compartir con nadie. Sus hijos crecían y José seguía viajando.

Una década después, Moisés regresó a la Argentina, ante la trágica noticia del suicido de Sergio, su otro hermano.

El mismo día del entierro, la familia encontró una carta en la que Sergio pedía perdón y comprensión. Y entre otras cosas, confesaba que también estaba enamorado de Ana.
Además del dolor a causa de la muerte de su hermano, Moisés sintió una culpa tremenda por no haber callado sus sentimientos, como lo había hecho Sergio.

Poco tiempo después, José enfermó gravemente y antes de morir, le pidió a su hermano Moisés que cuide a su familia hasta su último día.

Y así, con el pedido y de alguna manera el aval de José, con un secreto que nunca develarían y con el amor que se seguían teniendo a pesar del tiempo, Ana -quien ya tenía 60 años- y Moisés -75- se casaron. Sus siete hijos aceptaron el matrimonio de su madre con su tío, a quién querían casi como a un padre, ya que en muchos períodos de su vida, había sido la única figura masculina presente.

Fueron tan felices como pudieron. La pena de haber pasado la mitad de su vida separados era imborrable y, a la vez, la incertidumbre de cuánto tiempo tendrían por delante, muchas veces les impidió gozar como lo habían imaginado.

Menos de diez años después, Moisés fallece. Ana, por tercera vez en su vida debía soportar el dolor de separarse de su amor, y aunque en todas las oportunidades lo había sentido como una ruptura definitiva, esta vez no solo era definitiva, sino la última.

A los 70 años Ana volvía a enviudar, pero esta vez juró que sería la última. Y hasta sus 102 años se quedó sola.

Aquel secreto familiar anteriormente mencionado siguió creciendo durante esos 32 años, pero Ana se llevó la respuesta a la tumba. Sus hijos (el sexto y el séptimo) intentaron en varias oportunidades preguntarle a su madre quién había sido su verdadero padre y la respuesta, en todos los casos, fue José.

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Ana & Moisés Parte I

Esta historia nos llegó por la bisnieta de nuestra protagonista, quien se encontraba en una situación similar a la que relataremos acá.

Ana conoció a Moisés en la fábrica de su padre. Ella estaba correteando por la algodonera -la empresa familiar- cuando, de sopetón, vio entrar a un señor mayor junto a su hijo de aproximadamente 30 años, exactamente el doble de su edad. Eran Moisés y su padre Andrés, que tenían una reunión de negocios con el papá de Ana.

Moisés y Ana se miraron fijo, pero no fue amor a primera vista. Sin embargo, ambos sintieron una atracción que jamás habían experimentado. El episodio no trascendió y solo volvieron a cruzarse algunas veces en el barrio, pero nunca intercambiaron palabra. Se miraban y se pensaban en silencio. Ella tenía 15 años y, en esa época (década del 20), había convenciones que no se desafiaban. Además, en todas las oportunidades, Ana estaba acompañada de su padre o madre, cosa que hubiese impedido cualquier intento de acercamiento que, de todos modos, Moisés nunca intentó.

Tres años más tarde del primer cruce, Ana y Moisés compartieron la primera cena.
Ella había cumplido 18 años y sus padres organizaron un evento al que invitaron a varias parejas amigas de la familia, entre las que se encontraban los padres de Moisés y sus tres hijos varones.

Desde el primer momento que supo de este festejo, Ana pensó cómo arreglarse para ver al hombre del cual se había enamorado en secreto. Moisés, por su parte, había esperado este encuentro tantos años que no sabía cómo actuar al momento de tenerla frente a sus ojos. Ninguno de los dos tenía con quién hablar del tema; contar esto era literalmente la nada misma, ya que no había nada que contar ¿Qué iba a decir él, que estaba enamorado de una chica con la que jamás había hablado? En el caso de Ana, cualquier comentario era impensable. En esa época, las mujeres no se fijaban en hombres sin la aprobación de sus padres. O mejor dicho, se fijaban, pero callaban.

El día de la cena llegó. Cuando Moisés entró junto a su familia a la casa de Ana, ambos sintieron la vergüenza de quién se siente expuesto en sus sentimientos, aunque en la realidad, nadie registraba nada. Ninguno de los dos había comentado nunca con nadie ese amor quizá platónico que sentían el uno por el otro, con lo cual no había de qué preocuparse. Apenas se ubicaron alrededor de la mesa, el padre de Ana propuso no un brindis, sino dos. Uno, obvio, por el aniversario de su primogénita y, otro, para presentarle a su futuro esposo: José, el hermano mayor de Moisés. Sin previo aviso, sin nunca haberle consultado nada, los padres de Ana ya habían arreglado su matrimonio con José, un mes antes de la reunión. En el mismo momento que se veían obligados a levantar las copas, Ana le clavó una mirada fulminante a Moisés que lo dijo todo.

Al otro día, se encontraron en secreto y se dijeron todo. Moisés prometió hablar con su padre y luchar por el amor de Ana. Así las cosas, él intentó explicarle a su familia que se amaban el uno al otro, pero para el padre de Moisés, no era una cuestión de amor sino de turnos: José era el mayor -tenía 37- y se tenía que casar primero, con más urgencia. Además, José también estaba enamorado de la bella Ana.
En el caso de ella, cualquier intento de explicación hubiera sido en vano. Las mujeres de esa época no tenían ni voz ni voto. Sin embargo, Ana intentó persuadir a su padre , quien de una manera tortuosa la puso entre la espada y la pared y la obligó a tomar una decisión: Si no se casaba con José, los negocios entre ambas familias se cancelarían y así su familia se iría a la quiebra sin escalas, lo cual como consecuencia traería la necesidad de migrar al extranjero, a su país natal y esto también acarrearía la imposibilidad de Ana de, por lo menos, tener el simple placer de seguir viendo a Moisés y soñar.

¿Qué decisión tomaría una chica de 18 años, en la década del 20, con tanto peso sobre su espalda?

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La Pregunta Semanal

Marianela de 28 años nos envío la siguiente pregunta:

¿Por qué constantemente estoy en la búsqueda de una pareja normal y no puedo disfrutar de la vida estando sola?

Marianela: Normalmente el ser humano comete un error muy grave que es el de buscar el amor propio por fuera. Consideramos que si uno no puede tener una vida en solitario armoniosa, tampoco va a poder tenerla acompañada. De hecho, en este momento estas soltera.

Por eso es importante tener cosas propias que nos den un disfrute, y que no incluyan a nadie mas que a nosotros mismos. Es decir que el día de mañana en el caso de que llegues a concretar una pareja, tendrás tus cimientos mucho mas fuertes que ahora. Y aunque estés en pareja no debes abandonar nunca estas acciones de disfrute, ya si no podemos darnos a nosotros mismos el valor correspondiente no podemos pretender que una persona ajena nos sobreestime.

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Nicolás & Cecilia Parte II

Los problemas de Nicolás y Cecilia parecían acrecentarse a medida que una salida debía separarlos. Nicolás era el portavoz del malestar por estas situaciones, pero Cecilia también lo extrañaba en cada momento que no estaba con él.

Finalmente, luego de ocho meses de relación, las amigas de Cecilia la invitaron a una comida y le expresaron su disgusto con lo que acontecía. Ninguna de ellas estaba de acuerdo en que esto sea sano para su propia relación, y la que tenía con ellas. Podría interpretarse como celos, tal vez como envidia, pero la realidad es que ahí estaban sus amigas recriminándole y echándole en cara todas sus ausencias.

Por momentos, Cecilia tuvo sentimientos encontrados en los que la brújula perdió el rumbo y no podía discernir. Al empezar a sentirse incómoda con tantos agravios por parte de sus amigas, pensó que finalmente el único que la quería era Nicolás.

Este sentimiento peligroso puede llegar a ser un desbande en la vida de cualquier persona. No solo por poner en riesgo la relación amorosa existente, sino también por todos los lazos que uno crea a lo largo de su vida.
¿Serían las amigas de Cecilia unas envidiosas que únicamente la pretendían para ella? ¿O sería real su sentimiento de afecto de quererla tener presente en más oportunidades para compartir cosas con ella?
Debido a estos malos momentos que Cecilia pasaba cada vez que veía a sus amigas, comenzó a aferrarse más aún a Nicolás.

Los planes no tardaron en llegar: poner un parador en la playa, casarse, tener hijos, irse a vivir a Brasil, etc.
Se podría decir que ambos habían depositado todas sus energias el uno en el otro, y vivían tal cual.
Lo raro de esta relación, es que normalmente cuando la gente pasa tanto tiempo junta suele pelearse con mucha frecuencia, pero en este caso el amor brindaba una armonía increíble siempre y cuando Cecilia no tuviese que salir a ningún lugar.

Pasado un año de relación, la locura se había apoderado de la situación poco a poco y aquello que de primer momento parecía un acto hermoso de celos era ahora una obsesión total.
Nicolás comenzó a sospechar de absolutamente todo lo que hacía Cecilia, pero sin fundamento alguno, dado que ella lo único que hacía era vivir para él. A veces hasta debía llamarlo para avisarle que saldría de su casa e iría al kiosco a comprar cigarrillos, por miedo a que Nicolás llame y ella no conteste el teléfono.
Cuando Cecilia comenzó a sentir tanto hostigamiento, y principalmente tanto amor, comenzó a desencantarse de esa persona que le movía todo el cuerpo.

A menudo las relaciones se mantienen renovando continuamente los intereses el uno por el otro. Pero cuando una persona como Nicolás se entrega a otra, haciéndole sentir que sin ella no puede seguir con su vida, lo más probable es que la otra persona sienta rechazo. Junto con esto, se pierde el respeto por completo ya que se comienza a ver al otro como una persona débil y dependiente. Y una vez que en una relación se pierde el respeto, digamos que la cosa se hace irremontable.

En una de las tantas noches que seguían compartiendo, una amiga de Cecilia llamó a su casa y ella no estaba. Sin embargo, el padre comenzó a tener un diálogo en el que se terminó enterando de la situación por la cual ya no lo visitaban más las amigas de su hija, y algunas que otras cosas.

Por eso, el padre de Cecilia decidió tener un importante diálogo con ella y plantearle su punto de vista. Recién allí y teniendo la palabra y el apoyo de su papá, Cecilia tomó coraje y habló con Nicolás.
La separación de ambos duró tres semanas. Todos los días juraban terminar para siempre y al día siguiente se encontraban con la excusa más ridícula de todas.

Si bien a Cecilia se le hacía muy difícil seguir con su vida sin Nicolás, él simplemente no podia. Por eso comenzó a llamarla incontables veces con excusas disparatadas para poder verse.
A Cecilia la situación se le hacía muy difícil, porque a pesar de saber que no era lo conveniente, seguía amando a Nicolás. Pero más madura y centrada que él, se negaba ante todo tipo de ofrecimiento.
Nicolás, que no podía maquinar en su cabeza otra cosa más que la figura de Cecilia, comenzó a intentar llegar a ella con planes estrambóticos y rídiculos.

Primero, tomó contacto con todas sus amigas, les hablaba y lloraba continuamente intentando pedirle que persuadan a Cecilia para que vuelva con él. Cosa que obviamente las amigas no hacían.
Al ver los pocos resultados que estas acciones le daban, Nicolás empezó a frecuentar todos los lugares a donde sabía que se la podía encontrar. Pero lo más loco de todo, es que cada vez que se veían se quedaban juntos. Nicolás era para Cecilia una especie de droga que sabía que le hacía mal, y que la privaba de su libertad.

Nicolás envalentonado luego de cada encuentro le hacía llegar a Cecilia flores, cartas, chocolates, y todo tipo de regalos. Pero cada paso que daba alejaba a su ex novia un poco más, y aún no lo podía comprender.
El verano llegó nuevamente y Cecilia partía para Pinamar por toda la temporada. Sin lugar a dudas, Nicolás quería hacer un movimiento fuerte ya que él no podía ir por su trabajo, y estaba seguro que tanto tiempo sin verse los separaría definitivamente.

Por eso Nicolás decidio una noche quedarse frente a la puerta de la casa de Cecilia. Compró el suficiente alcohol como para emborracharse como una cuba, y una gilette. En su cabeza enferma, creía que mostrándole exteriormente el dolor que sufría en su interior, recuperaría a Cecilia, como si ella no supiese ya lo que le costaba separarse.
Nicolás tomo la gilette y comenzó a hacerse tajos en el pecho, justo en el lugar a donde se ubica el corazón. Se tajeó tantas y tantas veces que a través de su remera blanca se empezaba a filtrar la sangre que le salía de su cuerpo.

A la mañana siguiente, la madre de Nicolás alertada por su ausencia comenzó a llamar a todos lados para averiguar el paradero de su hijo. Entre esos llamados incluyó a Cecilia, a quién le notificó que no había pasado la noche en casa y estaba preocupada.
Cuando Cecilia salió con rumbo para la casa de Nicolás, se lo encontró en la esquina de su casa. Estaba tirado, casi dormido, con una remera empapada de sangre y un olor a alcohol que apestaba. Debajo de él, tenía una torta que le había hecho, una costumbre que ella tenía para festejar sus cumpleaños.
Cecilia lo recogió y lo llevó a su casa. Allí lo curó y le mintió diciéndole que estaría con él para siempre.
Por fin comprendia que Nicolás estaba enfermo, que la obsesión se había apoderado de él y que la situación ya era peligrosa. Luego de dejarlo en su casa, le comento a sus amigas lo ocurrido, quienes alarmadas comenzaron a sugerirle a Cecilia que se cuide, como si se tratase de un asesino.
Esa noche misma Cecilia partió para Pinamar con días anticipados con el fin de poder olvidar a Nicolás y cambiar de aire.

Sin embargo, llevaba en el vidrio trasero de su auto un mensaje de amor escrito por Nicolas, otra de las costumbres que tenían. Y por más que partió para olvidarlo, durante un mes no se atrevió a lavar el auto. No por miedo a que él vea su mensaje borrado, sino porque le gustaba leerlo.

FIN

HOY…
Nicolás, con ayuda psicológica, calmó su obsesión y salió adelante. Tres años después de este episodio, volvió a ponerse de novio y a tratar de no repetir los errores cometidos en su anterior relación. Hoy convive con su pareja y está feliz. Sin embargo, no pasó un día en el que no haya pensado en Cecilia.
Cecilia tuvo otras varias historias después de Nicolás, pero por mucho tiempo estuvo reticente a encarar una nueva relación seria. Afianzó más su vínculo con su grupo de amigas, pero descuidó a los hombres de turno. Pasaron los años y estas amigas se fueron a vivir con sus parejas, se casaron y algunas tuvieron hijos. Ella empezó a sentir que se quedaba sola y muchas veces pensó en llamar a Nicolás, aunque no se animó.

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Nicolás & Cecilia Parte I

Nicolás y Cecilia se conocieron un verano en Pinamar. Ambos estaban de vacaciones con sus amigos en el mes de Febrero.
Nicolás, si bien era un muchacho que tenía bastante éxito con las mujeres nunca había tenido una relación seria.
Cecilia venía de cortar un noviazgo de dos años, precisamente hace dos semanas, antes de partir con rumbo a Pinamar.

Se conocieron en un boliche un 20 de Febrero, justo el día en que Cecilia festejaba su cumpleaños junto a sus amigas y hermanas.
El nexo conector entre ambos fue Martín, un amigo de Nicolás que conocía a Cecilia por unos compañeros de su trabajo.

Apenas lo vio, Cecilia se sintió atraída por él y aprovechó su borrachera para acercase. Sin embargo, pensaba que ese chico nunca se fijaría en ella. Nicolás tenía el perfil de un típico mujeriego que frecuentaba boliches solo para divertise. Cecilia era todo lo contrario. La borrachera era solo una consecuencia de su festejo de cumpleaños, pero en su vida era una mujer madura y que sabía lo que quería.

De ahí en adelante, Cecilia buscó por todos los medios que Nicolás se entere de que ella gustaba de él. Por eso en cada salida que ambos grupos de amigos compartían, ella aplicaba todas las estrategias femeninas para conquistarlo.

En el tiempo que compartieron juntos en ese verano, Nicolás y Cecilia no llegaron a concretar nada, pero ambos sabían que gustaban uno del otro. Nicolás con mas precisión, ya que Julia, amiga de Cecilia, le habia revelado el interés de su amiga en él. Pero Nicolás no se fijaría en ella, sino hasta más tarde cuando comenzará intercambiar llamadas telefónicas y lograse llegar a conocerla más intimamente.

Cuando volvieron de veraneo, el grupo que ya se había hecho amigo comenzó a compartir asados y reuniones, salidas a boliches y fiestas entre otras cosas.
En estos encuentros repetitivos, Nicolás y Cecilia comenzaron a salir luego de una proposición de ella, ya que él era muy vueltero.

A partir de ese día, la relación se dio de forma impulsiva, pero no por eso con menos amor. Y hasta los seis meses, no se separaron nunca. La relación era algo espectacular, ambos vivían el uno para el otro, se veían absolutamente todos los días y el amor que sentían parecía conducir a una vida inseparable entre ambos, en la que los proyectos y el cuidado mutuo fluían naturalmente.
Al principio, Cecilia, perdidamente enamorada de Nicolás, cuidaba la relación como lo más glorioso que le hubiese sucedido en su vida. Inclusive sentía miedo de perderlo y volver a estar sola nuevamente. Por eso se la veía constantemente dispuesta a todo lo necesario para que la misma llegue a buen puerto.

Sin embargo, la inexperiencia de Nicolás en las relaciones lo llevaría a cometer errores garrafales y a descubrir en si mismo sentimientos que nunca antes había experimentado.

A los seis meses de relación, las amigas de Cecilia comenzaban a echarle en cara su ausencia en reuniones. La dejaban de lado y cuando se comunicaban con ella era solo para cuestionarle su falta de presencia.

Esto repercutió de manera desfavorable en Cecilia, y también en el pensamiento que las amigas de ella tenían hacia Nicolás.

Por eso mismo, Cecilia decidió que para no perder a sus amigas debería comenzar a compartir más tiempo con ellas. Sin embargo, Nicolás todavía no había barajado esa opción, y hacía caso omiso al reclamo de sus propios amigos, estando feliz de compartir todo su tiempo pura y exclusivamente con su novia.

Por eso, el día que Cecilia le comentó que saldría el fin de semana con sus amigas, Nicolás lo tomó violentamente. Sentía esta situación como un engaño, como una falta de interés en él, y principalmente como una preferencia hacia sus amigas.

Discutieron por primera vez fuertemente y Cecilia decidió quedarse con Nicolás. La realidad, es que no solo lo hacía por él, ella también sentía las mismas ganas, pero por otro lado también quería compartir con sus amigas este buen momento de su vida.

Con el correr del tiempo, esta situación comenzó a hacerse natural en la relación. Todos los fines de semana las amigas invitaban a Cecilia a diferentes lugares y todos los fines de semana Nicolas hacía planteos distintos para que ella no saliera.

¿Qué les parece hasta aca? ¿Cómo creen que la relación continuara? ¿Quién es el responsable de estos problemas? ¿Alguna vez vivieron una relacion así? Contanos lo que pensas.

EL MIÉRCOLES CONTINUA LA SEGUNDA PARTE

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¿Qué es El Corte?

“El Corte” es el primer unitario escrito y pensado para la blogosfera, con historias reales de vida. En un plano de trece situaciones o capítulos, vamos a ver lo que normalmente no podemos encontrar en ningún libro, en ninguna película, o en ninguna serie: la separación de dos personas que se aman.

Basado totalmente en historias reales, “El Corte” toca los temas mas ásperos del ser humano y su incapacidad de lograr una pareja estable. De lo difícil de relacionarse en el mundo y de lo fácil que muchas veces se hace escaparle al amor.

Pasando por casos reales y característicos como los obsesivos, el dinero, el engaño, el alcoholismo, la violencia, “El Corte” no persigue otro fin mas que el de sacudir el avispero y ver por que y como tantas parejas quedan en la nada.

Es impresionante ver como dos personas se aman, pero mas impresionante es ver como se odian al separarse. Y esa ruptura a la cual llamamos “Corte”, es lo que nos interesa específicamente tratar y mostrar a los lectores. Que seguramente se verán involucrados y se sentirán identificados en muchos de los casos que abordaremos en estos trece capítulos.

Anda anotandote en el Newsletter que la semana que viene arranca la primer historia.

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