Carolina & Federico Parte II

Sacada como chiflada sin Rivotril, Carolina llegó al Banco en el que trabajaba Federico y se metió en el cajero automático para hacer tiempo hasta que abran. Estaba camuflada con anteojos negros y un pañuelo en el cuello que, en el peor de los casos, le permitiría esconderse como un avestruz. Igual, las chances de que Federico la reconociera era casi nulas: Primero porque no la había visto ni en foto y segundo porque lo último que se hubiese imaginado era que el nivel de obsesión de ella había llegado a un pico tan alto como para aparecerse en su lugar de trabajo.

Cinco minutos después de haber llegado, Federico pasó frente a sus narices y, sin dudarlo, supo que era él. Era tal cual se lo había imaginado y, lo que más felicidad le daba, era que él no le había mentido en nada. Ni de más, ni de menos. Carolina, literalmente, murió de amor.

En ese momento, algo la calmó y decidió irse a su casa tranquilita.

Esa noche, lo esperó conectada con más ganas que nunca. Y aunque la cosa venía media tensa por sus constantes planteos, la charla fue positiva. Él le dijo que la quería y ella le replicó que soñaba con el día que se lo dijera en la cara. Federico le explicó que estaba con muchas cosas, pero que pronto se encontrarían.

Al día siguiente, Carolina volvió al banco decidida a encararlo, pero ni bien llegó repitió la parodia del día anterior: Se metió en el cajero, hizo tiempo, se lo volvió a cruzar y se fue. Y así, durante toda la semana. Cada vez que estaba a punto de acercarse y presentarse, un pánico la avasallaba y se volvía a su casa, esperando que él se conecte para chatear. Sin embargo, esos días Federico no apareció y ella se empezó a paranoiquear pensando que tal vez él la había visto y la había bloqueado, espantado por su actitud.

Para tranquilizarse releía el historial de la última conversación en la que él le decía que la quería y que, en cuanto resuelva algunas cuestiones, podrían encontrarse. Sin embargo, la obsesión le ganó y empezó a mandarle emails pidiendo explicaciones. Uno, dos, tres y, perdió la cuenta, pero le habrá llegado a mandar quince mails en cuatro días. Algunos más largos, otros más cortos, pero todos terminaban con la misma pregunta loca: ¿Vivís?

Llegó el fin de semana y Carolina se deprimió como nunca. Sus amigas la motivaban para salir, pero ella no se quería separar de la computadora, con la esperanza de que él aparezca o, por lo menos, le responda la catarata de mails que le había envidado. Y nada.

El lunes, dispuesta a todo, Carolina volvió al Banco, pero ya no camuflada con gafas y pañuelo, sino vestida de punta en blanco, como novia antes del civil. Había juntado fuerzas para encararlo y declararle todo su amor. Pero Federico no apareció. Casi sin pensarlo, se acercó a una de las empleadas de la sucursal y preguntó por él. Y sin anestesia, le contestaron que lo habían trasladado a Brasil.

Más anonadada que angustiada, Carolina llegó a su casa y se conectó nuevamente para enviarle un último email, exclusivamente para mandarlo a la mierda. Pero Federico se adelantó, y un correo electrónico suyo la esperaba desde hacía un par de horas.

En el email Federico le pedía perdón por haber desaparecido esa semana y le explicaba que había estado enfermo y que no había tenido fuerzas de conectarse. Y al final le decía que a la noche la iba a estar esperando on line, que estaba loco por chatear con ella y que la semana que viene podrían encontrarse personalmente.

Si hasta hace un rato Carolina estaba confundida, luego de leer el mensaje de Federico no entendió más nada. Varias veces escribió algo así como: “Loco de mierda no me jodas más, ya sé que estás tomando agua de coco en Brasil, saludos, Carolina” pero la intriga de ver que le diría Federico a la noche, la hizo –todas las veces- apretar el botón de Cancelar en vez del de Enviar.

Casi llegando a la madrugada, Federico apareció. Nuevamente le pidió perdón por los días de ausencia y le volvió a decir de encontrarse la semana que viene. Carolina estaba indignada porque él no le blanqueaba que se había ido a vivir a Brasil, pero le seguía la corriente para ver hasta dónde iba a llegar con esta farsa. Y lo que más bronca le daba era, a la vez, lo que más la tranquilizaba: Federico seguía diciéndole cuánto la quería y que estaba loco por verla.

El día del encuentro, unas horas antes de lo acordado, Federico le mandó un mensaje reconfirmando la cita. Ella leía el email y lloraba y, aconsejada por sus amigas más íntimas, entendió que lo mejor que podía a hacer era borrarlo del ICQ, borrarlo de sus contactos y de su cabeza y empezar a olvidarse de alguien que la había acompañado virtualmente los últimos seis meses pero que, de última, nunca había conocido.

Pasaron cinco meses sin tener contacto y Carolina seguía pensando en él y, a veces, hasta soñándolo. Pero como gorda a dieta, puso toda su voluntad y cada vez que quiso mandarle un email, se cortó la mano. Hasta que llegó el día de su cumpleaños y sus amigas le prepararon una fiesta sorpresa. Carolina volvió a su casa borracha y, como estaba con un par de cambios menos, agarró la computadora dispuesta a mandarle un email. Pero igual que hace cinco meses, Federico se había adelantado. Eran casi dos carillas en las que él, además de felicitarla por el cumpleaños, le decía que le había costado mucho escribirle y que nunca entendió por qué ese día faltó a la cita.
Con las pocas luces le quedaban, Carolina, que estaba que trinaba, le contestó lo que tanto tiempo se había guardado. Sí, le contó que lo había ido a ver al Banco durante una semana seguida, que había muerto de amor y que cuando fue decidida a encararlo, le informaron que él se había ido a vivir a Brasil. También le puso que los días subsiguientes al notición, le había seguido la corriente para ver hasta dónde llegaba y que no podía creer que encima de haber tenido el caradurisimo de haberla citado desde Brasil, ahora tenía el tupé de echarle en cara el plantón. También le propinaba un par de improperios y, finalmente, le decía que si quería seguir jugando se busque a otra pelotuda por Internet, que seguramente había de sobra.

Media hora después, la respuesta de Federico la terminó de aniquilar. Sí, efectivamente Federico había sido trasladado a Brasil por cuestiones laborales pero a la semana de irse había vuelto a Buenos Aires para terminar un par de trámites y, fundamentalmente, para encontrarse con ella y decirle todo personalmente y ver, entre los dos, que solución le encontraban. Le juraba que nunca había jugado con ella y que hasta hubiese estado dispuesto a dejar todo, pero que su plantón lo hizo recular y seguir su ruta. Y para rematar le decía que todo este tiempo la había extrañado mucho.

Carolina, que no sabía cómo remontarla, le dijo que quería verlo, que si él no podía venir, ella podía pedirse unos días en su trabajo y viajar a Brasil. Federico le contestó que en un mes venía a visitar a su familia y que ahí podrían finalmente encontrarse.

Otra vez, Carolina y Federico se pasaron todo el mes chateando hasta que llegó el gran día. Casualmente, el día que él viajó a Buenos Aires se cumplía un año del primer chat que habían compartido. Ni bien llegó al aeropuerto, Federico se tomó un taxi derecho a la casa de Carolina y, cuando la vio, sintió lo mismo que ella había sentido aquel día en el Banco.

Pasaron la mejor noche de su vida y se juraron amor eterno. Sabían que iba a ser complicado mantener el vínculo a la distancia, pero él le prometió que iba a hacer lo posible por pedir el traslado a Buenos Aires, solo le solicitó tiempo.

La semana que Federico se quedó en Buenos Aires no se separaron ni un minuto. Para Carolina, él era su novio, pero la realidad es que él nunca le había mencionado esa palabra.

Todo siguió por email y chat. Hasta que un día, Carolina que no daba más de lo que lo extrañaba, hizo un viaje relámpago a Brasil. Sí, le cayó de sorpresa pero la sorpresa se la llevó ella: Federico estaba viviendo con una brasilera hace dos meses, un tiempo antes de escribirle para su cumpleaños. El trató de explicarle que la relación había comenzado cuando ellos habían perdido el contacto y que apenas lo retomaron decidió separarse, pero que todavía no había encontrado el momento de plantearlo.

Carolina se volvió a Buenos Aires con el corazón roto y no lo atendió más.

Hoy…
Pasaron diez años de aquel episodio. Federico la siguió llamando durante un par de años sin obtener respuesta. Ella recién lo volvió a atender cinco años después, para decirle que se casaba. Sin embargo, el matrimonio le duró poco: apenas dos años le bastaron para darse cuenta que no estaba enamorada de Luis, un hombre que le había presentado el marido de su mejor amiga y con quien había pasado buenos momentos, pero nada parecido a lo que había aprendido a llamar felicidad durante el tiempo que duró su vínculo con Federico. Apenas se divorció, le mandó un email a Federico, quién le respondió que la sigue amando, y que está viviendo en China.

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Historias de amores que no fueron.
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7 respuestas a Carolina & Federico Parte II

  1. Anonim dijo:

    Buenísimo!!!
    Dejar volar la imaginación acerca de quién está del otro lado.
    Que importa vivir de ilusiones si así soy feliz!!

    Que dure eso de no conocerse. La magia dura mucho mas.

  2. Cat dijo:

    Los desencuentros son muy de novela. Muchas veces, donde parece que hay solo una forma de ver las cosas, hay mil alternativas. Lo mejor es darle al otro la oportunidad de explicarse, en lugar de hacerse uno la película.

  3. agustina dijo:

    ah.. pero se fue hasta la otra punta del mundo el loquito jajajaja.
    que mala leche.. por dios!

  4. Julieta dijo:

    Me encantó! Esta vez plantearon un tema más cercano, por lo menos para mí, no tanto por la situación del chat sino por el tema de los desencuentros… que son tan frecuentes y tan comunes cada vez que uno se propone empezar una relación con otra persona. Espero que vengan más historias como esta!

  5. Nahuel dijo:

    Sigo creyendo fuertemente en que la frontalidad es el camino más rápido y simple para encarar las cuestiones amorosas, y esta historia me hace reafirmarlo más aun.

    Me gustó mucho el relato, hasta el próximo.

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