Carolina & Federico Parte I

Carolina y Federico se conocieron un año después de haber tenido su primera conversación. Cuando se encontraron cara a cara creían que lo único que les faltaba conocer el uno del otro era justamente eso, la cara, el aspecto físico. Porque el resto, juraban, lo conocían íntegro. Durante todo ese año, Carolina y Federico no habían dejado un día sin chatear. Los 365 días, todos los días.

Esta historia empezó como miles de otras historias: Una mujer aburrida en su casa, una computadora y un hombre del otro lado, en la misma situación: Solo y sin ningún plan mejor que charlar con una desconocida.

Año 1999: Era la época del ICQ -“I seek you”, en castellano, “Te busco”-, uno de los primeros programas de mensajería instantánea en ser ampliamente utilizado en la red. Como característica distintiva, al buscar a una persona por su nombre, el ICQ nos proporcionaba una lista con toda la gente que llevaba ese nombre y, al lado, una flor que -dependiendo del color: verde o rojo- indicaba si ese usuario estaba conectado o no.

Carolina estaba en su casa, sola, aburrida y comiendo los restos de la torta de su cumpleaños número 37. Mientras consumía una importante cantidad de hidratos de carbono, pensaba obsesivamente que estaba a 3 escalones de los 40 y que se encontraba más sola que perro sarnoso en country club.
Entonces, se conectó al ICQ y buscó, al azar, a un tal Federico Díaz, que era un ex compañero de la facultad con el que había tenido una historieta pasajera.

Al ver la cantidad de Federico Díaz que aparecían, Carolina se desanimó: Encontrar a ese viejo compañero iba a ser casi una misión imposible pero, acto seguido, hizo un razonamiento obvio y concluyó que entre ponerse a hablar con un chico que no veía hace 14 años y con el cuál solo había compartido un cuatrimestre, tres finales y una noche de sexo; y ponerse a hablar con un equis total, había una distancia de una baldosa. Entonces, sin dudarlo, le habló al primero de la lista.

Del otro lado, uno de los tantos Federico Díaz que estaba on line, respondió. En menos de cinco minutos, ella confirmó que este chico nada tenía que ver con su ex compañero de facultad, pero siguió adelante y, así las cosas, Carolina y Federico se embarcaron en una conversación que los mantuvo entretenidos por más de tres horas.

A simple vista, además de la edad y el estado civil, lo único que tenían como denominador común era un terrible embole. Y algo más, esa noche, ambos tuvieron la sensación de estar acompañados.
Al otro día, Carolina volvió a conectarse y ahí estaba él, esperándola. Eso fue lo que le dijo apenas apareció su nombre en la pantalla.

Con el correr de los días y las semanas, las charlas con Federico empezaron a ser parte de su cotidianidad. Y entre chateo y chateo, cada tanto, se colaba algún email. Ahora Carolina se levantaba y lo primero que hacía era conectarse y chequear su correo electrónico.

Cuando hay un monitor de por medio la gente se atreve a decir cosas que a veces no diría cara a cara. Y esta no fue la excepción: A los pocos días, Carolina y Federico se habían confesado el interés que sentían el uno por el otro, y las ganas de conocerse personalmente. Sin embargo, ninguna de las partes había hecho una propuesta concreta acerca de un futuro encuentro de carne y hueso. Eran solo comentarios, deseos, fantasías o frases sueltas que, cada tanto, alguno de los dos tiraba.

Al principio, Carolina hizo un esfuerzo por no tomarse en serio este vínculo, pero lo cierto era que la aparición de Federico en su vida había alterado totalmente sus hábitos: Pasaba gran parte del día conectada a Internet y los fines de semana ya no hacía programas con sus amigas, compañeras de trabajo y/o familiares: Absolutamente todos los viernes y sábados a la noche, Carolina ponía excusas y se quedaba en su casa para chatear con él, largas horas.

La confianza fue creciendo y ella sentía que Federico era la persona que más la conocía, que más la entendía y, también, que más la quería. Por su parte, el sentimiento era recíproco. No solo pensaba todo el día en él, sino que también lo soñaba. Y todo esto, sin conocerlo.

Ambos creían haber encontrado el amor en Internet, pero el tiempo pasaba y al no mencionar él la posibilidad de un encuentro, comenzaron, las peleas, los planteos y hasta las escenas de celos.
Llevaban exactamente seis meses chateando y Carolina se preguntaba por qué Federico no querría verla ¿Tendría novia? ¿En estos seis meses habría salido con alguna mujer o le sería virtualmente fiel? ¿Existe la fidelidad virtual? ¿O es una locura? Para Carolina, resultó una locura.

Un día, harta y desbordada, decidió seguir a Federico. Aunque era casi ridículo ir detrás de un desconocido, ella estaba segura que con los datos que tenía (Sabía que era alto, rubio, que tenía ojos negros, que vestía traje y que trabajaba en un banco) lo iba a encontrar.

¿Cómo creen que continuará la relación? ¿Alguna vez vivieron una relación así? Contanos lo que pensás.

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Historias de amores que no fueron.
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8 respuestas a Carolina & Federico Parte I

  1. sole tuxxx dijo:

    Uh complicado!!! para mi que fede tiene una vida paralelaaa!!
    Seguro que esta casado, y tiene hijos y hasta un perro!

  2. Mariana dijo:

    Quiero que siga yaaaaaaa. Para mi que es un gordo espantoso y que cuando lo ve, no le habla. Moraleja: Todo entra por los ojos.

  3. mauro dijo:

    No se si gordo, pero que no coincidia con su descripcion es probable.

  4. alejandra dijo:

    Se de una historia que comenzó de la misma manera y con la misma intensidad. Ella desde un pueblo de Corrientes él en provincia de Bs As.
    Estuvieron conectados virtualmente durante mas de un año. En palabras de ella lo que había era amor.
    Por problemas familiares decide irse de su casa, le cuenta a él todo lo que estaba viviendo y sin dudarlo deciden que era momento de estar juntos. Viaja a Bs As; cuando llega el momento del encuentro, primera vez que se ven uno con otro, se ve frente a un panorama un tanto diferente al que le había pintado él (o ella se había imaginado)…
    Además de tener diez años mas de los que había mencionado y vivir con su madre, había pasado por una terrible tragedia que lo dejó sin las dos piernas.
    La realidad con la que se encontró fue muy fuerte; si bien tuvo dudas y miedos han pasado mas de seis años y siguen juntos. Amor, necesidad, soledad, cariño…

  5. pau dijo:

    internet es una herramienta maravillosa para conocer gente. pero, viviendo en la misma ciudad creo que no es lo mejor prolongar un chateo por tiempo indeterminado. a no ser que eso es lo que pretendan, una relación sólo online.
    en mi opinión lo mejor es intercambiar alguna foto, unos pocos dias de messenger y plantear un encuentro en algún lugar público.
    con un chateo que se extiende demasiado en el tiempo se tiende a idealizar a alguien que en realidad nunca vimos personalmente.

  6. ilde dijo:

    Hace un tiempo empecé a sentir algo por una compañera de italiano. La veía sólo los sábados, pero sabía en qué facultad estudiaba y mas o menos a qué hora salía.

    Sin embargo, no estaba completamente seguro de lo que sentía. Y decidí jugarle una broma al destino:

    Deambulé cerca de su facultad y en el horario que yo suponía que salía. Y aposté, sabiendo que las posibilidades estaban muy en contra mío: si la veo, esa chica es para mi.

    Casi no pude creer cuando, en un semáforo, de casualidad, miré un colectivo repleto. Ella estaba ahí.

    CONCLUSIÓN: Fede, si estás mintiendo, cuidado…

  7. Cat dijo:

    Yo tuve una relación así… no fue un año, fueron 8 meses. Cuando finalmente nos vimos él era tal cual yo lo había imaginado por las cosas que me contó de sí mismo. 🙂

  8. Ramakandra dijo:

    La comunicación avanza, las personas evolucionan o no (Según el punto de vista) los medios permiten cierta complicidad, es lógico que sucedan estas cosas y si bien puede tomarse como algo sumamente superfluo, yo creo que hay que darle cierto margen.
    No, no tuve nunca una relación así, pero podría pasar tranquilamente, me parece que limitar los ámbitos ya es algo retrógrado.

    Saludos.

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